6 de julio de 2009

Un "caldo" a la chapina

Es muy interesante darse cuenta que de los platos más sofisticados que se preparan en la gastronomía, los famosos "caldos" son los que mayores retos representan. Tengo presentes miles de "sopitas" que para el buen chapín son deliciosas... desde un buen caldo de mariscos hasta un caldo de gallina o un caldo de frijol. Es ese arte desaparecido el que predomina en estas comidas, buscando que la infusión represente la integración perfecta de los elementos precisos que brindan el mejor sabor, aroma y agrado al paladar.
Pues bien, generalmente se habla de un "caldo" cuando se juntan las mejores partes, se integran de manera excepcional y dan como resultado una total esquisitez. Podría decir que sólo quienes conocen la verdadera configuración de cada ingrediente son capaces de utilizarlo cuando se debe, es decir, cuando el resultado amerita que se incluya.
Posterior a esta breve reseña, quisiera hacer, de forma ingeniosa, una traslocación al ámbito político que enfrentamos actualmente. A manera de crisol, las instituciones políticas en Guatemala han logrado fundir e integrar de forma nunca antes vista una serie de factores que han conformado nuestro peculiar Caldo a la chapina.
De una tradición política inestable, heredada de los movimientos revolucionarios de la década de los 60´s, arribamos al despertar democrático como una esperanza sobre las dictaduras militares de todo el siglo... sin embargo, hasta ahí nos quedamos. Este fue el punto donde, a manera de experto culinario, fuimos agregando al caldero una serie de ingredientes que ningún otro país pudo integrar de mejor forma:
  1. Seguimos el modelo de Raúl Prebisch para que, a sugerencia de CEPAL, aplicáramos la "sustitución de importaciones" como guía para el desarrollo.
  2. A pesar de que cayó el Muro de Berlín en 1989 y desaparece la URSS en 1991, en Guatemala no se encaja la idea de que el socialismo NO es la respuesta.
  3. Tenemos el primer auto-golpe de Estado como una inocentada política de un presidente que no entiende que la democracia necesita de pesos y contrapesos para ser un sistema de representación eficiente (aunque tengo mis serias dudas sobre la magnanimidad que se le otorga a la democracia).
  4. Somos de los firmantes del Consenso de Washington que a través de medidas de equilibrio fiscal, estabilidad monetaria y privatización (no liberalización) de los servicios públicos busca generar confianza en los pueblos.
  5. Firmamos una Paz sin tener claro lo que implica una visión de país.
  6. Nos sumimos en un "juego de suma cero" con la elección de dos gobiernos sucesivos, dirigidos por FRG y GANA, en donde uno trata de arreglar lo que hizo el anterior.
  7. Damos la bienvenida a la social-democracia, como un sistema de envidias en donde unos quieren lo que los otros producen y buscan al Estado para legitimar la transferencia.
  8. Sufrimos la captura del Estado por parte de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos (CIAC) dirigidos por el narcotráfico y el crimen organizado.
  9. Somos catalogados como uno de los países con mayor violencia e inseguridad derivado de la falta de profesionalización y compadrazgo político prevaleciente en los sistemas de seguridad y justicia.
  10. Tomamos como bandera populista el que Guatemala no cuenta con suficiente carga tributaria para tener un Estado "fuerte".
Sé que no son todos los ingredientes que hemos agregado en 25 años, pero si somos algo objetivos, sólo nos falta el limón y las tortillas para contar con una Obra Maestra del arte culinario-político.
No es de sorprendernos que tras ingerir este suculento brebaje, hoy suframos de una fuerte intoxicación, que se evidencia con una crisis de representación, altos niveles de empleo informal como alternativa a la inexistencia de un clima favorable a la inversión, disenso al momento de ponernos de acuerdo sobre el país que deseamos, obsolescencia legal que ha caído en un positivismo ilegítimo extremo, inexistencia de un Estado en sus funciones básicas: seguridad, justicia y protección de los derechos fundamentales (vida, libertad y propiedad), y una completa desepción respecto al ambiente en el que vivimos.
La solución yo no la veo clara, pero creo que necesitamos una buena purga antes de aventurarnos a seguir ingiriendo tan nefasta combinación de ingredientes que, poco a poco, han minado el futuro de un maravilloso lugar en el mundo como es Guatemala.

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