16 de noviembre de 2009

Centro de Estudio del Capitalismo



El Capital es esa categoría mental, innata en el ser humano, que le permite ver en los objetos una capacidad más allá del simple consumo, permitiéndole incrementar su productividad, y a su vez, sus capacidades de intercambio. Este proceso conduce a la creación de riqueza, única solución descubierta al día de hoy por el hombre para combatir la pobreza.
De esta forma, es posible apreciar que el Capital, como una habilidad, fue lo que le permitió al hombre salir de las cavernas, distinguiéndose de otras especies como el Neanderthal, que sin la asociación de conceptos conocida como imaginación, no fue capaz de perpetuarse hasta el día de hoy.
En contra de todas las críticas que se hacen a un modelo existente, plagado de términos mal empleados y argumentos falaces, el capitalismo es lo que le da vida al ser humano, en su incansable lucha por defender su libertad en beneficio de su vida y la vida de los demás.
Recomiendo visitar el siguiente sitio: http://capitalismo.ufm.edu/index.php/P%C3%A1gina_Principal


24 de julio de 2009

Los Estados son de dominio de Satanás

A recomendación de Jesús Huerta de Soto, nos damos cuenta que en la misma Biblia se nota desde ya la perversión de los Estados, siendo éstos del dominio de Satanás, ya que él mismo dice que es quien los gobierna.

LA 3a. TENTACIÓN: Mateo 4, 8–9
Esta tentación era la más atrevida y audaz de todas. En las primeras dos tentaciones, Jesús había despojado al diablo de todos sus astutos disfraces, y había revelado los verdaderos motivos del mal. En la tercera tentación, Satanás mismo abandonó toda farsa y dejó de utilizar estratagemas secundarias. De una manera deliberada, directa y desafiante, pidió a Cristo que le rindiera homenaje.

«Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos

Tratemos de imaginar la gloria de todos los reinos del mundo, todos los imperios, presentes y pasados: el gran Imperio Romano, Grecia, Persia, Babilonia, Asiria, Egipto, el reino de David y de Salomón; sin mencionar reinos como los de Bitinia y Siria, ¡además de todos los reinos de las tierras no exploradas! Todos estos pasaron en un instante ante los ojos de Jesús.

Después Satanás dijo: «Todo esto te daré, si postrado me adorares». Con esto se insinúa que todo esto era algo que el diablo podía dar, y Jesús no lo negó. Si la oferta no hubiera sido auténtica, no habría habido tentación. En los tiempos de Jesús, era como hoy día: Satanás ejercía influencia sobre los reinos del mundo. Estos se habían sometido a sus caprichos; eran obedientes a sus mandamientos; habían sido llevados cautivos a su voluntad. Jesús lo llama más adelante "el príncipe de este mundo".

Ya en las escrituras está dicho que es Satanás quien gobierna los Estados, por lo tanto, la única lucha que podemos entablar en contra del diablo es la lucha en contra del Estado, la lucha por la libertad, que a su vez es moral y justa.

12 de julio de 2009

La libertad de acordar o discrepar

Hoy, más que opinar, quiero citar uno de los tantos fragmentos que hacen de El Manantial una verdadera obra de arte liberal:

"... y debemos considerar - decía Austen Heller sin énfasis - que como, desafortunadamente, estamos obligados a vivir juntos, lo más importante que debemos recordar es que la única manera de tener algo de ley es teniendo la menor cantidad posible. No encuentro ningún principio ético con el cual medir la concepción absolutamente inmoral de un Estado, salvo en la cantidad de tiempo, pensamiento, dinero, esfuerzo y obediencia que la sociedad arranca a cada uno de sus miembros. Su valor y su civilización están en razón inversa a esa extorsión. No hay ninguna ley concebible por la cual una persona pueda ser obligada a trabajar en cualquier condición, salvo la que él decida establecer. No hay ninguna ley concebible que le impida plantear exigencias, al igual que no hay ninguna ley que fuerce a su empleador a aceptarlas. La libertad de acordar o discrepar es el fundamento de nuestro tipo de sociedad... "

6 de julio de 2009

Un "caldo" a la chapina

Es muy interesante darse cuenta que de los platos más sofisticados que se preparan en la gastronomía, los famosos "caldos" son los que mayores retos representan. Tengo presentes miles de "sopitas" que para el buen chapín son deliciosas... desde un buen caldo de mariscos hasta un caldo de gallina o un caldo de frijol. Es ese arte desaparecido el que predomina en estas comidas, buscando que la infusión represente la integración perfecta de los elementos precisos que brindan el mejor sabor, aroma y agrado al paladar.
Pues bien, generalmente se habla de un "caldo" cuando se juntan las mejores partes, se integran de manera excepcional y dan como resultado una total esquisitez. Podría decir que sólo quienes conocen la verdadera configuración de cada ingrediente son capaces de utilizarlo cuando se debe, es decir, cuando el resultado amerita que se incluya.
Posterior a esta breve reseña, quisiera hacer, de forma ingeniosa, una traslocación al ámbito político que enfrentamos actualmente. A manera de crisol, las instituciones políticas en Guatemala han logrado fundir e integrar de forma nunca antes vista una serie de factores que han conformado nuestro peculiar Caldo a la chapina.
De una tradición política inestable, heredada de los movimientos revolucionarios de la década de los 60´s, arribamos al despertar democrático como una esperanza sobre las dictaduras militares de todo el siglo... sin embargo, hasta ahí nos quedamos. Este fue el punto donde, a manera de experto culinario, fuimos agregando al caldero una serie de ingredientes que ningún otro país pudo integrar de mejor forma:
  1. Seguimos el modelo de Raúl Prebisch para que, a sugerencia de CEPAL, aplicáramos la "sustitución de importaciones" como guía para el desarrollo.
  2. A pesar de que cayó el Muro de Berlín en 1989 y desaparece la URSS en 1991, en Guatemala no se encaja la idea de que el socialismo NO es la respuesta.
  3. Tenemos el primer auto-golpe de Estado como una inocentada política de un presidente que no entiende que la democracia necesita de pesos y contrapesos para ser un sistema de representación eficiente (aunque tengo mis serias dudas sobre la magnanimidad que se le otorga a la democracia).
  4. Somos de los firmantes del Consenso de Washington que a través de medidas de equilibrio fiscal, estabilidad monetaria y privatización (no liberalización) de los servicios públicos busca generar confianza en los pueblos.
  5. Firmamos una Paz sin tener claro lo que implica una visión de país.
  6. Nos sumimos en un "juego de suma cero" con la elección de dos gobiernos sucesivos, dirigidos por FRG y GANA, en donde uno trata de arreglar lo que hizo el anterior.
  7. Damos la bienvenida a la social-democracia, como un sistema de envidias en donde unos quieren lo que los otros producen y buscan al Estado para legitimar la transferencia.
  8. Sufrimos la captura del Estado por parte de los Cuerpos Ilegales y Aparatos Clandestinos (CIAC) dirigidos por el narcotráfico y el crimen organizado.
  9. Somos catalogados como uno de los países con mayor violencia e inseguridad derivado de la falta de profesionalización y compadrazgo político prevaleciente en los sistemas de seguridad y justicia.
  10. Tomamos como bandera populista el que Guatemala no cuenta con suficiente carga tributaria para tener un Estado "fuerte".
Sé que no son todos los ingredientes que hemos agregado en 25 años, pero si somos algo objetivos, sólo nos falta el limón y las tortillas para contar con una Obra Maestra del arte culinario-político.
No es de sorprendernos que tras ingerir este suculento brebaje, hoy suframos de una fuerte intoxicación, que se evidencia con una crisis de representación, altos niveles de empleo informal como alternativa a la inexistencia de un clima favorable a la inversión, disenso al momento de ponernos de acuerdo sobre el país que deseamos, obsolescencia legal que ha caído en un positivismo ilegítimo extremo, inexistencia de un Estado en sus funciones básicas: seguridad, justicia y protección de los derechos fundamentales (vida, libertad y propiedad), y una completa desepción respecto al ambiente en el que vivimos.
La solución yo no la veo clara, pero creo que necesitamos una buena purga antes de aventurarnos a seguir ingiriendo tan nefasta combinación de ingredientes que, poco a poco, han minado el futuro de un maravilloso lugar en el mundo como es Guatemala.

24 de junio de 2009

Una Democracia en Formación

Siendo el vigésimo sexto Presidente de los Estados Unidos, Theodore Roosevelt se constituye en 1901 como el presidente más joven en la historia de dicho país, ostentando dicha posición con tan sólo 42 años de edad. Caracterizado por ser un hombre de fortísima personalidad y extraordinariamente activo, se diferenció de la mayoría de sus antecesores al contar con una visión ambiciosa sobre el futuro de los norteamericanos. Por ello, se suele considerar que su presidencia marca el paso de los Estados Unidos al estatus de gran potencia.

Sin embargo, más que aplaudir su carácter intervencionista y hegemonía militar, esta breve introducción quiere resaltar uno de los acontecimientos más significativos de la vida de este personaje. Mientras se preparaba para dar un discurso en Milwaukee, fue víctima de un atentado en el cual recibió un disparo en el pecho. Aún con la bala dentro de su cuerpo, habiéndole roto una costilla, Roosevelt insistió en dar su discurso antes de permitir que lo trasladaran al hospital. Y es durante este discurso que menciona una de las frases por las que será recordado:

“Una gran democracia debe progresar, o pronto dejará de ser o grande o democracia.”

Con fecha 31 de mayo de 1985, se promulga la Constitución Política de la República de Guatemala, decretando que de ahí en adelante los guatemaltecos damos la bienvenida a un sistema democrático que trae consigo variadas ventajas, las cuales, en todo caso, superan las desventajas.

Es así como nacemos ante una incertidumbre, sin conocer lo que le depara al país, confiando únicamente en que es la mejor forma de delegar en los gobernantes nuestro futuro porque es la práctica más común que se ha desarrollado en el globo. No nos brindaba ninguna certeza el convertirnos en una democracia, tan sólo nos devolvía la esperanza de un futuro más prometedor.

No obstante, es acá donde surge el punto de inflexión que vale la pena analizar:

Veinticuatro años después, ¿hemos avanzado en la dirección correcta?

Según la CEPAL, los resultados obtenidos son los siguientes:

  • La tasa de analfabetismo en personas de más de 15 años ha pasado del 47% al 25.2%
  • La esperanza de vida al nacer ha aumentado de 58.3 años a 70.2 años
  • La mortalidad infantil por cada 1,000 niños nacidos ha disminuido de 97 a sólo 29 casos
  • La tasa de desempleo mermó de un 12.1% a un 3.1%
  • El nivel de pobreza pasó de un 69.4% de la población a un 54.8%
  • El porcentaje de hogares con acceso a agua aumentó de un 59% a un 76.3%
  • El porcentaje de hogares con acceso a electricidad pasó de un 49.9% a un 81.8%
  • El porcentaje de hogares con acceso a saneamiento pasó de un 29.3% a un 40.3%
  • Y El PIB per cápita pasó de US$ 1,289.6 a US$ 1,690.4 (dólares a precios del año 2000)

Evidentemente, esta situación es prometedora y congraciante, sobre todo para aquellos que vislumbramos el desarrollo como un proceso que lleva tiempo y que necesita del esfuerzo constante de todos los participantes. Sin embargo, no debemos regodearnos en nuestros logros, creyendo que el Estado ha "funcionado" de la mejor forma.

Más bien, podría decirse que Guatemala es una Democracia en Formación, similar al adolescente que abandona la pubertad, y que, a pesar de haberse desarrollado plenamente, empieza a enfrentar los cambios internos que determinarán la forma cómo enfrentará la madurez.

Parece que estamos bien formaditos desde el punto de vista del desarrollo, pero las bases que nos sostienen, la razón de ser de las instituciones sólidas y fuertes, se encuentran totalmente ausentes.

Con 24 años de edad, nos hemos convertido en un "ente vicioso" sin principios que nos orienten, nos hemos hecho víctimas de la corrupción, el nepotismo, la impunidad, la violencia, la inseguridad y la captura del Estado. Hemos perdido el uso de nuestras facultades políticas, sacrificando nuestros dotes económicos para mantener estos vicios que nos han reducido a algo semejante a un Estado Fallido.

Si es cierto que estamos en formación, creo que ya es momento de sentar cabeza y ponernos a pensar qué es lo queremos. Ya no es momento de culpar a los que mal nos nutrieron, ya no es momento de asociar nuestro fracaso a las malas juntas y a los malos consejos, es momento de dejar todo de lado, hacer un examen de conciencia, y empezar a definir qué es lo que queremos como país.

Nuevamente, tal y como lo mencionó Theodore Roosevelt, si no nos preocupamos por desarrollar nuestra democracia, terminaremos por perderla, situación que empieza a notarse en un clima donde las relaciones comunicantes entre instituciones y ciudadanos avanzan en un camino divergente, alejándonos de un plan común de nación.

Somos una democracia relativamente joven, y es de exortar la nueva afluencia de participación ciudadana que estamos viendo, porque ante la encrucijada, la única alternativa que tenemos es empezar a cuestionarnos cuál es el destino que deseamos elegir.